Género
El pan, el tinto… y la revolución del amor
El 6 de septiembre de 2023, la Universidad de Antioquia conmemoró, por vez primera, el Día Universitario por la Dignidad de las Mujeres y las Disidencias Sexuales. Una iniciativa que lograron colectivos y organizaciones feministas a partir de la movilización que se desarrolló hace un año. Aquí recordamos nuestra experiencia de esos días de protesta y reflexión.
Era martes y yo ansioso, como la mayoría de mis compañeros. Ya habíamos terminado de hablar con un periodista que nos hablaba de su experiencia, tan breve como intensa. El mediodía estaba cerca y así mismo la segunda entrevista. Tres señores de los que sabíamos apenas lo que habíamos leído, principalmente de Manuel, que había sido profesor del pregrado de periodismo. Mientras tanto, César, el profesor y viejo amigo de Manuel, nos preparaba para entrevistar un poco mejor regalándonos uno que otro consejito. Hasta que se escuchó tímidamente la puerta. Habían llegado.
Se asomaron tranquilamente, cada uno con un tinto en la mano, despacio. Sin buscaron asiento al otro lado del salón en donde estábamos como para permitir que César terminara su discurso, diera paso a presentarlos y a ubicarlos al frente de nosotros, estudiantes de periodismo de cuarto semestre. Muy seguros ellos, sin pregunta mayor y conscientes de la grabación, inicia cada uno su presentación con un monólogo. Primero Manuel, periodista entre otras cosas, que suena un tanto poético y otro tanto bohemio, hasta que en algún momento dice: “Aprendí lo suficiente para tener lo necesario: el pan, el tinto… el amor, y estos versos que hoy les traigo. Al final de mi vida tengo las cosas muy claras. Por lo demás hice todo, pero por mí no hice nada… Eso es mentira también, porque yo estoy convencido de que cuando uno hace las cosas por uno, también las está haciendo por el otro”. Cuando termina, Víctor, maestro en arte dramático, inicia el suyo cantando Soy pecadora de Ana Prada y cierra con una frase que repetirá en distintos momentos de la conversación “me gusta poner a sentir y a pensar”.
Ellos, junto a su trieja, Alejandro, profesor de Física, estudiaron en la Universidad de Antioquia. En el 2017 aparecieron en BBC news cuando constituyeron legalmente la primera “trieja” en Colombia. Esta particular unión marital inició con Manuel y Alejandro, pero luego se sumó Alex. Manuel nos cuenta cuando empezó con Alejo y, de paso, cómo inició el poliamor. “Es injusto que yo, que llevo tanto tiempo teniendo sexo, vaya a pensar que vos vas a ser mi virgencito o mi virgencita. Tienes todo el derecho a descubrir tu cuerpo y no tiene que ser solo conmigo. Si alguien te aparece para lo sexual, yo no tengo ningún problema. Si alguien te aparece y te mueve el corazón, hablemos”, pensó.
A los cuatro años Alejo le cumple y, en palabras de Manuel, le dice: “Me movió el piso, pero te quiero”: poliamor. Me movió el piso pero te quiero, me movió el piso pero te quiero [repite como a sí mismo], es decir, no me está diciendo ‘váyase’, sino que ‘te quiero’ y ¿Cómo, cómo caso esas dos cosas?”. En el coro de la Universidad de Antioquia había aparecido Alex, gerente en sistemas de la información. Manuel termina diciendo: “Álex y yo éramos los gamines. Él era el gamín de Pachelly y yo era gamín de Santander, entonces se juntaron dos gamines deliciosos”.
Pasan ocho o nueve años y se les une un vecino, Víctor. Ahora eran cuatro. Una tetraeja y todos de la UdeA. El actor, Víctor, se define como un atrevido en la vida, que llegó por carne y se quedó por curioso. “Si yo no me hubiera permitido, posiblemente ni estaba ahí, porque los miedos muchas veces limitan y cohíben, precisamente, de atreverse a hacer cosas. Yo soy un atrevido en la vida. Me he atrevido a hacer muchas otras cosas, no solo el poliamor”, recuerda.
Pasa un año y medio desde la llegada de la cuarta parte de la tetraeja y muere Alex de un cáncer. “Alex era una persona encantadora, seductora con la comida y con un montón de cosas. Entonces cayeron súper bien. Le regalaron unas matas a mi mamá(…) Alex y ella ya hicieron un vínculo muy fuerte”, dice Víctor del cuando presentó a su mamá sus parejas y, más adelante, con la melancolía romántica que sonó cada vez que se habló de Alex y su muerte, suma: “Luego de la muerte de Álex nos pensamos mucho. Yo decía: Álex fue mi amor eterno y a mí se me murió. Yo también quedé viudo, así llevara un año y medio con él. Y a mí me hacía falta todos los días. Verlo, sentirlo, escucharlo. Yo cantaba con él. Tenía muchos momentos con él. Eso no lo percibíamos en el antes, porque la cotidianidad destruye muchas cosas cuando no se hace consciente. Que el amor se construye día a día, se vuelve algo que pasa. Eso nos hizo pensarnos en que el día a día es muy importante, que la relación se tiene que permear y construir todos los días”.
A pesar de estar muerto, Alex, estuvo muy presente en toda la entrevista, estaba cuando lo nombraban, en las entrevistas de otros medios, cuando hablaron de su matrimonio, quizá conocí más a Alex que a Alejandro. Era su conector con el barrio, tanto así que, después de la muerte de Alex les llamaron la atención por haberse encerrado, no se habían dado cuenta que se complementan y se enriquecen entre ellos.
De pronto por cursi o por el discurso que nos estaban dando, me parecieron muy dulces. Manuel, con su cara tan seria a primera vista, llena de líneas por los años, con sus gafas cuadradas y su saco azul oscuro, se convertía en niño cuando hablaba Víctor. Prestaba una atención inmutable, con ojos tiernos y una sonrisa tímida cuando hablaba su pareja, Victor. Como si fuera su primer amor.
“¿Hasta cuándo va a durar? pues no sabemos. Uno se casa hasta que la muerte los separe, dicen, y nosotros queremos que sea hasta que la muerte nos separe. En el caso de Alex, es hasta que la muerte nos separó. Pero la muerte que nos separa también es la muerte del amor, y en algún momento, esperamos que no, también tendríamos que decir: hay una ruptura” a lo que Victor concluye con: “Hasta que dure”.
Son líderes, disruptores como ellos mismos lo dicen, adelantados a las leyes: primero con el matrimonio homoparental y luego con matrimonio poliamoroso, ambos antes de que fuese legal. Dirigen una corporación cultural y artística, marchas y obras de teatro, entre ellas: El coso con el que acoso y Eso de ser marica. Aunque para ellos “la revolución no es solo desde la norma, es desde el hacer. Es más fácil a veces que desde la norma. Qué rico que las familias tradicionales se atrevan, no a pensar en el poliamor, pero sí a pensarse en sus acuerdos”.
Ya con sus vasos vacíos y algo mordidos terminaron la conversación, pasaron sus contactos para quien quisiera indagar más, se despidieron de su amigo Cesar y de nosotros. Se besaron. Y salieron del salón después de contarnos de esa cercanía como otra de sus revoluciones. “Nosotros nos tocamos mucho. Todo el tiempo estamos cogidos de la mano. Nos besamos mientras esperamos el bus”, dijo Manuel. “Nos demostramos afecto donde sea”, sumó Víctor. “Entonces muchos de nuestros vecinos y vecinas decían: ‘Si estas locas, si estos maricas se cogen de la mano, yo por qué no volví a tocar a la mía’, la gente otra vez diciendo mi amor o volviendo a acuerdos que a lo mejor tuvieron cuando fueron novios, pero que no mantuvieron. Eso yo creo que es la verdadera revolución”.
Pasan ocho o nueve años y se les une un vecino, Víctor. Ahora eran cuatro. Una tetraeja y todos de la UdeA. El actor, Víctor, se define como un atrevido en la vida, que llegó por carne y se quedó por curioso. “Si yo no me hubiera permitido, posiblemente ni estaba ahí, porque los miedos muchas veces limitan y cohíben, precisamente, de atreverse a hacer cosas. Yo soy un atrevido en la vida. Me he atrevido a hacer muchas otras cosas, no solo el poliamor”, recuerda.
Pasa un año y medio desde la llegada de la cuarta parte de la tetraeja y muere Alex de un cáncer. “Alex era una persona encantadora, seductora con la comida y con un montón de cosas. Entonces cayeron súper bien. Le regalaron unas matas a mi mamá(…) Alex y ella ya hicieron un vínculo muy fuerte”, dice Víctor del cuando presentó a su mamá sus parejas y, más adelante, con la melancolía romántica que sonó cada vez que se habló de Alex y su muerte, suma: “Luego de la muerte de Álex nos pensamos mucho. Yo decía: Álex fue mi amor eterno y a mí se me murió. Yo también quedé viudo, así llevara un año y medio con él. Y a mí me hacía falta todos los días. Verlo, sentirlo, escucharlo. Yo cantaba con él. Tenía muchos momentos con él. Eso no lo percibíamos en el antes, porque la cotidianidad destruye muchas cosas cuando no se hace consciente. Que el amor se construye día a día, se vuelve algo que pasa. Eso nos hizo pensarnos en que el día a día es muy importante, que la relación se tiene que permear y construir todos los días”.
A pesar de estar muerto, Alex, estuvo muy presente en toda la entrevista, estaba cuando lo nombraban, en las entrevistas de otros medios, cuando hablaron de su matrimonio, quizá conocí más a Alex que a Alejandro. Era su conector con el barrio, tanto así que, después de la muerte de Alex les llamaron la atención por haberse encerrado, no se habían dado cuenta que se complementan y se enriquecen entre ellos.
De pronto por cursi o por el discurso que nos estaban dando, me parecieron muy dulces. Manuel, con su cara tan seria a primera vista, llena de líneas por los años, con sus gafas cuadradas y su saco azul oscuro, se convertía en niño cuando hablaba Víctor. Prestaba una atención inmutable, con ojos tiernos y una sonrisa tímida cuando hablaba su pareja, Victor. Como si fuera su primer amor