Cultura
27 veces adiós: el recuerdo de Marvel Moreno
Marvel Moreno nació en Barranquilla el 23 de septiembre de 1939. Desde hace 27 años, cuando falleció, se ha consagrado como un mito de la escritura latinoamericana. Ser una mujer escritora entre hombres del boom latinoamericano y el famoso Grupo de Barranquilla, además del exilio, fueron factores que marcaron el desconocimiento sobre su creación literaria.
Por: Marcela Sánchez
Un lunes. Cinco de junio de 1995. Jacques Fourrier, segundo esposo de Marvel Moreno, tomó el teléfono y llamó a los amigos de la escritora barranquillera para darles la noticia de que un enfisema pulmonar había acabado con su vida. Marvel lo sabía. No podría predecir la fecha exacta en la que moriría, pero sí tenía claro que con el lupus que padecía no tendría mucho más tiempo. Por eso, en sus narraciones, el escrito desenfrenado es la principal característica y, a su vez, coincidía con la paciencia y dedicación que le tomaba encontrar la palabra concreta para un párrafo.
Sus cenizas fueron arrojadas al Río Sena, cumpliendo a cabalidad la profecía escrita en el epílogo de su novela “En diciembre llegaban las brisas”, donde Lina, el personaje principal, culmina el libro diciendo: “No he vuelto, ni creo que vuelva nunca a Barranquilla. Cuando me preguntan cómo es, me limito a decir que está junto a un río muy cerca del mar”.
El exilio de Marvel en 1969, a sus 29 años, se explica en su fascinación al llegar a París, la posibilidad de consagrarse como escritora en medio de una sociedad que mantenía a las mujeres escritoras al margen de los entornos literarios y el rechazo que le producía el contexto barranquillero por su machismo, clasismo y racismo. En su novela póstuma, Gaby, el personaje principal, llega a París y como mandato de su individualidad le dice a su esposo, sin consultarlo antes, que decidió quedarse.
A pesar de las pocas ediciones de su primera novela en el país y un reconocimiento europeo mayor al nacional, Marvel se convirtió en un mito de la escritura latinoamericana. Pero no todos los mitos florecen igual, no cuando el mito es una mujer. Hubo mitos de hombres escritores que trascendieron años y llegaron a esferas cotidianas —como el caso de Andrés Caicedo o García Márquez—, mientras que el mito de Marvel no creció lo suficiente para ser recordada entre los lectores colombianos por decisiones editoriales, económicas y de género.
Sus amigos literatos, artistas e intelectuales como Fabio Rodríguez Amaya, Consuelo Posada, Helena Araújo, Jacques Gilard, entre otros, han juntado esfuerzos por el reconocimiento póstumo de su obra, han escrito y conmemorado a las distintas Marvel con las que convivieron: Marvel reina del Carnaval de Barranquilla, que llevaba una sonrisa jovial a sus 19 años y trajes pomposos que se ceñían al personaje que representaba; Marvel rebelde, que fue expulsada del colegio donde estudiaba por defender la teoría de Darwin y que, por medio de sus letras, rechazaba lo impuesto socialmente para las mujeres del siglo XX. Marvel barranquillera, que soñaba con escribir el mundo femenino que la rodeaba y nunca fue desligada de la Marvel parisiana —porque todas son partes de sí misma que se juntan en su narrativa—, la más disruptiva con su obra, haciendo crítica a los movimientos sociales de la época y exponiendo lo que sufrían las mujeres, ya no solo en Barranquilla como lo había reflejado en su novela “En diciembre llegaban las brisas”, sino en todos los lugares donde se encontraran.
El mito crece ante una voz desconocida, unas imágenes que cuesta encontrar, escasas en archivos personales y comentarios que se han acumulado en artículos, libros y documentos investigativos, en su mayoría realizados bajo iniciativas propias.
Una Marvel cuya voz solo recuerdan quienes la conocieron en vida. Al ser una persona cerrada a entrevistas y por el poco interés en su obra, no hay registros de su voz en el escenario público. Alexander Ortega, investigador de su obra, tuvo la fortuna de indagar ante Rodríguez Amaya cómo era la voz de Marvel, su respuesta fue que “atravesaba las atmósferas de manera lenta, elegante y discreta”.
El mito no es suficiente porque no atraviesa la lectura de sus obras. La literatura se conforma de la publicación, edición, promoción, distribución; saber su nombre no basta para que sus letras sigan siendo parte del recuerdo. Hay una necesidad imperante por parte de académicas, literatas y mujeres lectoras para que su literatura sea conocida y, sobre todo, leída por más mujeres, quienes pueden sentirse identificadas en las opresiones y búsqueda del deseo que narraba Marvel.
Abrir la puerta de Marvel implica saber de ella como escritora, leer su obra y cometer osadamente el parricidio al que se refería la poeta Luz Mary Giraldo: matar al padre, refiriéndose a ese autor, obra o tendencias que generaron un patriarcado —presentes en la literatura colombiana—, con la intención de que más mujeres empiecen a ser leídas, reconocidas en el mundo editorial y reciban críticas de su obra.
“Recordé una frase de André Malraux quien decía que el ser más importante de la historia era Antígona, porque fue la primera mujer que se atrevió a decir «no» y clamó que estaba sobre la tierra para amar y no para odiar. A esta raza de mujeres pertenece Marvel Moreno”. Así como escribió Fourrier. Debemos hacerle honor, no solo a Marvel, sino a todas las mujeres escritoras que pertenecen a esa “raza”.