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Género

Alma matria: un año de la crisis por violencias de género en la UdeA

El 6 de septiembre de 2023, la Universidad de Antioquia conmemoró, por vez primera, el Día Universitario por la Dignidad de las Mujeres y las Disidencias Sexuales. Una iniciativa que lograron colectivos y organizaciones feministas a partir de la movilización que se desarrolló hace un año. Aquí recordamos nuestra experiencia de esos días de protesta y reflexión.

La mezcla es fácil: una gota de anilina vegetal tiñe de violeta hasta cinco litros de agua potable. Si fuese anilina en polvo, según cálculos aproximados de estudiantes de ciencias humanas con todas las dificultades para sumar, se requeriría agregar una cucharada para cada 10 litros de agua, es decir, 350 mil cucharadas para los 350 metros cúbicos que tiene de capacidad la fuente y obra principal de la Universidad de Antioquia: El hombre creador de energía de Rodrigo Arenas Betancur. El acto simbólico tenía una intención también desde el lenguaje: no solo es el hombre, la mujer existe y da vida, la mujer es creadora de energía. 

El plan no prosperó. La anilina líquida que nos vendieron en la Placita de Flores con la promesa de teñir hasta una piscina del estadio fue agregada en el lugar incorrecto: las esquinas de la fuente. La falta de corriente y el desconocimiento sobre la ubicación del motor solo dejaron atisbar unas manchas color vinotinto, casi negras, que se difuminaron lentamente durante el transcurso de una tarde. La obra: pintar la fuente de violeta, el color del feminismo, fracasó.

Aunque este acto solo quedó en el deseo de su materialización, de ver cómo brotaba de esa fuente un torrente de agua violeta, solo cuenta con nuestra importancia anecdótica, y se suma a las decenas de iniciativas que mujeres y disidencias sexuales realizamos desde el 3 de agosto de 2022 en la Universidad de Antioquia.

Ese día, una pinta con el nombre de un docente y la palabra “acosador” quedó en la pared de los bajos de una facultad. Cinco  encapuchados entraron al salón donde él impartía la clase afirmando que era un agresor sexual. Se autodenominan ETA (Estudiantes Transformadores Alternativxs). Entregaron un comunicado que reprochaba el encubrimiento a través de la normalización, minimización e invisibilización de las denuncias a él y otros tres profesores de la Facultad de Derecho y de Ciencias Exactas que presuntamente agredieron sexualmente a varias de sus estudiantes. Además, invitaban a confrontar estas conductas por todos los medios posibles. Del impulso derivado de este acto clandestino muchos rostros, de manera pública, comenzaron a hablar, a contar sus historias y a exponer sus testimonios que, incluso, llevaban años callando, y de los que se terminaron por encontrar patrones sistemáticos de agresión por parte de los docentes acusados.

Las primeras en gritar

En la voz de Camila* hay contundencia. Resuena por el micrófono del Teatro Camilo Torres cuando hay una asamblea. Con esa misma firmeza nos contó sobre la violencia sexual de la que fue víctima por parte de un profesor de la U. 

Sentada en un auditorio, ella, junto a María* y otras dos estudiantes de su facultad, decidieron no soportar el cuchicheo que desestimaba las denuncias y llamaba mentirosas a víctimas como ellas en una reunión de emergencia convocada por su facultad. Salieron a hablar de sus casos, con nombre propio, en medio de un espacio de conversación diferente a la asamblea. Allí participaban tanto estudiantes como profesores y administrativos. 

—Si tú sales yo salgo—, le dijo Camila a María al verla desbordada, antes de salir a hablar públicamente. 

—Por ti no he salido corriendo de aquí—, le respondió con la voz quebrada.

Así como Camila y María, tomadas de la mano para hablar, otras compañeras se han encontrado para denunciar la injusticia y la impotencia de que en un lugar de formación y pensamiento crítico sean constantemente hostigadas sexualmente, aguantando las miradas, los abrazos, las insinuaciones y la manipulación de profesores y compañeros.

Las mujeres, víctimas en emergencia

Las paredes, que albergan las arengas y rostros de los compañeros caídos, se convirtieron también en el escenario para expresar la rabia a través de nuevos símbolos: mujeres activistas feministas y frases como “Juntas, libres y sin miedo”. Así fue como el 23 de agosto, al salir de una Asamblea de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, mujeres llegaron con sus carteles al bloque 16, donde está ubicada la administración de la Universidad. “Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven”, gritaban ellas. Plasmaron vulvas, manos de color verde y morado y en las puertas de las dependencias la palabra “encubridores”. Una chica tomó pintura verde y, en el centro de ese edificio cuadrado, a los pies de la estatua Cristo cayendo, escribió: “La UdeA en emergencia por violencias basadas en género”.

En esas mismas paredes se han escrachado estudiantes, profesores y administrativos. Los nombres aparecieron en las fachadas de algunas facultades, otras escribieron en los baños para no exponerse a denuncias por difamación o, como le pasó a Yuli*, quien hace dos años recibió una sanción disciplinaria, junto a compañeras de su colectivo, por apoyar en comunicado público la denuncia por una VBG ejercida por un estudiante a otra compañera de su facultad. 

Su activismo es una voz conectada profundamente con su paso por la U, explica lo complejo de un proceso del que han asumido los costos económicos de una representación legal y el dolor y la impotencia que genera el señalamiento después de apoyar a una compañera. Su lucha también ha sido por las que vendrán. “Vale la pena creer que es posible, que vamos a poder dar los debates. Habrá momentos incómodos y enojos, tal vez, pero después podremos volvernos a encontrar en los puntos comunes”, dice la estudiante.

Los profesores y la violencia patriarcal

Algunos profesores se han acercado a preguntarles a sus estudiantes qué piensan de los nombres denunciados. Aunque hay discusiones y críticas al escrache, esta ha sido la oportunidad para romper la barrera entre los secretos que las estudiantes cuentan para advertir a sus compañeras, y para increpar a los docentes que han ignorado la situación o que cínicamente se asombran al conocer las prácticas de sus colegas.

A pesar de que el movimiento está activo gracias a las estudiantes, antes de nosotras estuvieron las profes, quienes ahora constituyen una especie de matriarcado que abraza esta lucha, que conspiran entre la institucionalidad y el abrazo a sus alumnas. Muchas de ellas también son víctimas de la violencia patriarcal que en la U no es más que una réplica de lo que pasa afuera. Resistieron e inspiraron con sus clases, semilleros e investigaciones a que saliéramos en público a decir lo que atravesaron nuestros cuerpos: a ellas, antes que a nosotras, les debemos todo.

Lo que nos quedó de esos días

La Universidad de Antioquia no va a resolver un problema que es estructural y cultural como el machismo con sacar un protocolo como lo prometió después de los arduos días de movilizaciones, pero sí creemos que puede generar herramientas para dignificar la vida de las mujeres permitiendo formas de denuncia que no sean revictimizantes, incluyendo reflexiones de género dentro de la formación de su personal. 

El intento de estallido de una papa bomba por parte de un grupo encapuchado dentro de una oficina poniendo en riesgo la vida de quiénes allí se encontraban durante el primero de septiembre del año pasado, no es ahora más que una analogía del dolor que estalla en cada una de nosotras cuando nuestro cuerpo sigue siendo un lugar de disputa, cuando toca unirnos para defenderlo Así como Camila y María que se hicieron amigas después de juntar sus casos y sus voces, nos hacemos amigas luchando. Nos mantiene la necesidad de construir un espacio seguro para todas, el espacio que queremos y soñamos, que sea eco en la U y en la sociedad.

Los logros de esta coyuntura han sido el resultado de un par de años de reflexión y las acciones actuales, que la institución ha generado ante la presión de nosotras, las estudiantes. 

El rector Jhon Jairo Arboleda se comprometió el 6 de septiembre a cumplir con un pliego de peticiones elaborado por la asamblea de estudiantes en el que acepta, entre otras cosas, consolidar la Mesa multiestamentaria de mujeres y disidencias sexuales, encargada de reconstruir la ruta violeta para centralizar, acompañar y gestionar los procesos por VGB en la U y la creación de una Unidad Especial de Género que atienda y prevenga estas violencias.

Sin embargo, las vocerías de esa Mesa se levantaron a inicios de este año denunciando fata de garantías por parte de la institución para dialogar. Se declara víctimas de segundo orden. Algunas de las integrantes de la Mesa, especialmente docentes, fueron denunciados disciplinariamente ante la Universidad o sus contratos no fueron renovados. Alegaron persecución a su rol político y activista. Pero eso quedó allí. Desanimando a otras voces fundamentales de la discusión, especialmente profesores, a animar las denuncias. 

Seguimos con miedo de que esta revolución fracase o que nada pase, como las manchas de tinte disueltas en la fuente, es el mismo que nos convoca hoy como estudiantes. 

El 6 se septiembre se celebró en la Universidad declaró el día universitario por la Dignidad de las Mujeres y las Disidencias Sexuales y de Género a un año del estallido. Dentro de la conmemoración, luces revistieron de colores al hombre y la mujer que se ubican arriba de la fuente. Los colores morados y de la bandera LGBT hicieron resaltar las figuras.

Esa imagen nos recordó nuestro intento de un acto simbólico similar, más clandestino y con menos presupuesto. Como una fuente que pretende teñirse, ahora hay una mancha grande, feminista y poderosa, que todavía no se asienta, pero disuelve poco a poco a la espera de mantenerse.

*Todos los nombres fueron cambiados por seguridad de las mujeres.

Yesenia Palacio

Periodista

Periodista de la Universidad de Antioquia e integrante de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de género. Le gusta escribir sobre género y Latinoamérica. Curiosa del internet.

Valentina Arango

Periodista

Escribe sobre la esperanza, los derechos humanos, el dolor y las mujeres. Es periodista de la Universidad de Antioquia y realizadora audiovisual.

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