Género
Se vende pack: la estafa detrás de los perfiles falsos de Instagram
El 10 de enero de 2022, María José Buitrago, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia, empezó a recibir pantallazos que le enviaban sus amigos advirtiéndole que alguien había creado una cuenta de Instagram a su nombre en la que prometían vender contenido sexual. Esa cuenta incluía publicaciones recientes con fotografías robadas de su perfil personal.
Por: Yesenia Palacio y Valentina Arango
Su reacción fue pedirles ayuda a sus seguidores, por medio de las historias de su perfil original, para reportar esa cuenta falsa que se hacía pasar por ella.
Por lo menos cinco estudiantes mujeres de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia también fueron suplantadas en Instagram el mismo mes. En XY Models, una agencia internacional de modelos ubicada en Medellín, también se presentaron en marzo de 2022 cuatro casos de suplantación a modelos, tanto hombres como mujeres.
Estas cuentas buscan ser idénticas a las originales. Usan la misma foto de perfil del suplantado, el mismo nombre de usuario al que añaden un punto o raya, toman y publican fotografías de la persona, por lo general en vestido de baño y, en algunos casos, comparten en las historias fotografías o videos para hacerlo parecer más real. En muchas ocasiones, la última publicación es un video de sexo explícito desenfocado donde no se pueden distinguir rostros, pero se enuncia en un texto superpuesto que es la persona de las anteriores imágenes para invitar a los usuarios a dirigirse al enlace de la descripción de la cuenta que, generalmente, contiene las palabras “Only Fans”.
En realidad, ese enlace lleva a una página de Wix, una plataforma gratuita para alojar y desarrollar sitios web. Esta página copia la interfaz de Only Fans y contiene las imágenes robadas. Allí el usuario encuentra la promesa de más contenido explícito a cambio de una suscripción a muy bajo precio, pero esa es una forma de captar datos bancarios como números y códigos de seguridad de tarjetas de crédito.
Esta modalidad de suplantación tiene el fin de robar información personal y bancaria. El objetivo son las personas que, por morbo o curiosidad, ingresan al enlace de la biografía y permiten el acceso de malwares o virus informáticos a sus dispositivos cuando intentan pagar la supuesta suscripción. A este tipo de delito informático se le denomina phishing, un método de estafa que se vale de manipular la confianza de las víctimas para robar información personal y realizar transferencias bancarias sin consentimiento.
Es difícil saber si existe una sistematicidad en estos casos, pero los documentados por De la Urbe y La Herejía tienen las mismas características: después de publicar todas las fotos en la nueva cuenta, bloquean a la persona de las fotos, es decir, no le permiten ver desde su perfil original que ha sido suplantada; esperan tener más visitas en el perfil para contactar a las personas conocidas de la víctima y, después, anuncian la venta de contenido sexual. Por lo general, hay alguna conexión entre las personas suplantadas, como sucedió con las estudiantes de la Facultad de Comunicaciones y Filología.
La suplantación de identidad es un delito sancionado por la legislación colombiana. El artículo 296 del Código Penal lo define como falsedad personal: “El que con el fin de obtener un provecho para sí o para otro, o causar daño, sustituya o suplante a una persona o se atribuya nombre, edad, estado civil, o calidad que pueda tener efectos jurídicos”. La norma penaliza esa conducta con multas, pero puede llevar incluso a la cárcel si se comete en paralelo con otros delitos, como la estafa.
Según cifras de la Dijín de la Policía, el delito de suplantación de identidad aumentó 409 % en 2020 debido a la pandemia y se presentaron 4353 casos de suplantación de páginas web, lo que representó, en esa modalidad concreta, una variación del 358 % frente al año anterior.
Elizabeth Mendoza es abogada especialista en temas de género y coordinadora legal en Hiperderecho, una organización no gubernamental peruana dedicada a investigar y promover el respeto de los derechos en entornos digitales. Ha analizado la incidencia de este delito y dice que estos casos vulneran la libertad digital de las personas, y los derechos económicos de quienes caerían en la estafa. Además, a las suplantadas se les afecta en su derecho a la intimidad, a la privacidad y al buen nombre.
“Se busca afectar el honor, teniendo en cuenta el valor peyorativo que significa vender contenido sexual en nuestra sociedad”, explica.
Sobre la posibilidad de que no sea una persona la que se encarga de hacer la suplantación sino un bot, es decir, un programa informático que realiza automáticamente tareas reiterativas en internet, Daniel Felipe Genta García, arquitecto de seguridad informática y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, dice que “todas las redes sociales contienen APIS que permiten la automatización del proceso. No les importa la verificación de identidad a no ser que seas una figura pública”.
En este caso, estos bots están en la capacidad de rastrear información de internet y perfilar personas con cuentas públicas, activas y que compartan constantemente fotografías de ellas mismas. Pueden diferenciar cuentas de mujeres y de hombres y, con inteligencia artificial, distinguir el tipo de fotos publicadas, rostros y con quienes interactúan.
Un mecanismo que puede facilitar la elección de perfiles son los giveaways o concursos en los que personajes públicos piden mencionar a la mayor cantidad de personas posible en los comentarios. También se aprovecha cuando una cuenta se vuelve viral por alguna foto. Eso fue lo que le pasó a Gabriela Gómez, estudiante de Mercadeo en la Universidad Eafit luego de subir una foto que llegó a más de siete mil “me gusta”. Esa misma imagen fue utilizada para crear una cuenta a su nombre.
Sobre las posibilidades de prevención, Elizabeth Mendoza considera que “nuestra relación con internet más que limitarse debe ser pacífica, en la que entendamos que somos libres de navegar en internet, pero es un espacio donde podemos ser víctimas de agresiones”. Sugiere aprovechar los controles de las redes sociales para elegir quiénes pueden acceder a esos contenidos, pero aclara que es imposible controlar qué va a suceder con ellos.
En los casos que conocimos, el efecto moral en quienes son suplantados es mayor al material. Las personas suplantadas suelen ser culpadas por el tipo de contenido que suben a sus perfiles personales y, en particular, por publicar fotografías en traje de baño. María José Buitrago sintió vulnerada su libertad digital. Poco después de la suplantación de su perfil se fue de viaje. “Allá me tomé fotos en vestido de baño, las subí y pensé que les estaba dando material”, dice. Hoy, más de dos meses después de que ella fuera suplantada, la cuenta en Instagram que usa sus fotos todavía existe, aunque la página a la que conducía el enlace de su biografía sí fue bloqueada.
Las mujeres, víctimas en emergencia
Las paredes, que albergan las arengas y rostros de los compañeros caídos, se convirtieron también en el escenario para expresar la rabia a través de nuevos símbolos: mujeres activistas feministas y frases como “Juntas, libres y sin miedo”. Así fue como el 23 de agosto, al salir de una Asamblea de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, mujeres llegaron con sus carteles al bloque 16, donde está ubicada la administración de la Universidad. “Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven”, gritaban ellas. Plasmaron vulvas, manos de color verde y morado y en las puertas de las dependencias la palabra “encubridores”. Una chica tomó pintura verde y, en el centro de ese edificio cuadrado, a los pies de la estatua Cristo cayendo, escribió: “La UdeA en emergencia por violencias basadas en género”.
En esas mismas paredes se han escrachado estudiantes, profesores y administrativos. Los nombres aparecieron en las fachadas de algunas facultades, otras escribieron en los baños para no exponerse a denuncias por difamación o, como le pasó a Yuli*, quien hace dos años recibió una sanción disciplinaria, junto a compañeras de su colectivo, por apoyar en comunicado público la denuncia por una VBG ejercida por un estudiante a otra compañera de su facultad.
Su activismo es una voz conectada profundamente con su paso por la U, explica lo complejo de un proceso del que han asumido los costos económicos de una representación legal y el dolor y la impotencia que genera el señalamiento después de apoyar a una compañera. Su lucha también ha sido por las que vendrán. “Vale la pena creer que es posible, que vamos a poder dar los debates. Habrá momentos incómodos y enojos, tal vez, pero después podremos volvernos a encontrar en los puntos comunes”, dice la estudiante.

Los profesores y la violencia patriarcal
Algunos profesores se han acercado a preguntarles a sus estudiantes qué piensan de los nombres denunciados. Aunque hay discusiones y críticas al escrache, esta ha sido la oportunidad para romper la barrera entre los secretos que las estudiantes cuentan para advertir a sus compañeras, y para increpar a los docentes que han ignorado la situación o que cínicamente se asombran al conocer las prácticas de sus colegas.
A pesar de que el movimiento está activo gracias a las estudiantes, antes de nosotras estuvieron las profes, quienes ahora constituyen una especie de matriarcado que abraza esta lucha, que conspiran entre la institucionalidad y el abrazo a sus alumnas. Muchas de ellas también son víctimas de la violencia patriarcal que en la U no es más que una réplica de lo que pasa afuera. Resistieron e inspiraron con sus clases, semilleros e investigaciones a que saliéramos en público a decir lo que atravesaron nuestros cuerpos: a ellas, antes que a nosotras, les debemos todo.
Lo que nos quedó de esos días
La Universidad de Antioquia no va a resolver un problema que es estructural y cultural como el machismo con sacar un protocolo como lo prometió después de los arduos días de movilizaciones, pero sí creemos que puede generar herramientas para dignificar la vida de las mujeres permitiendo formas de denuncia que no sean revictimizantes, incluyendo reflexiones de género dentro de la formación de su personal.
El intento de estallido de una papa bomba por parte de un grupo encapuchado dentro de una oficina poniendo en riesgo la vida de quiénes allí se encontraban durante el primero de septiembre del año pasado, no es ahora más que una analogía del dolor que estalla en cada una de nosotras cuando nuestro cuerpo sigue siendo un lugar de disputa, cuando toca unirnos para defenderlo Así como Camila y María que se hicieron amigas después de juntar sus casos y sus voces, nos hacemos amigas luchando. Nos mantiene la necesidad de construir un espacio seguro para todas, el espacio que queremos y soñamos, que sea eco en la U y en la sociedad.
Los logros de esta coyuntura han sido el resultado de un par de años de reflexión y las acciones actuales, que la institución ha generado ante la presión de nosotras, las estudiantes.
El rector Jhon Jairo Arboleda se comprometió el 6 de septiembre a cumplir con un pliego de peticiones elaborado por la asamblea de estudiantes en el que acepta, entre otras cosas, consolidar la Mesa multiestamentaria de mujeres y disidencias sexuales, encargada de reconstruir la ruta violeta para centralizar, acompañar y gestionar los procesos por VGB en la U y la creación de una Unidad Especial de Género que atienda y prevenga estas violencias.
Sin embargo, las vocerías de esa Mesa se levantaron a inicios de este año denunciando fata de garantías por parte de la institución para dialogar. Se declara víctimas de segundo orden. Algunas de las integrantes de la Mesa, especialmente docentes, fueron denunciados disciplinariamente ante la Universidad o sus contratos no fueron renovados. Alegaron persecución a su rol político y activista. Pero eso quedó allí. Desanimando a otras voces fundamentales de la discusión, especialmente profesores, a animar las denuncias.
Seguimos con miedo de que esta revolución fracase o que nada pase, como las manchas de tinte disueltas en la fuente, es el mismo que nos convoca hoy como estudiantes.
El 6 se septiembre se celebró en la Universidad declaró el día universitario por la Dignidad de las Mujeres y las Disidencias Sexuales y de Género a un año del estallido. Dentro de la conmemoración, luces revistieron de colores al hombre y la mujer que se ubican arriba de la fuente. Los colores morados y de la bandera LGBT hicieron resaltar las figuras.
Esa imagen nos recordó nuestro intento de un acto simbólico similar, más clandestino y con menos presupuesto. Como una fuente que pretende teñirse, ahora hay una mancha grande, feminista y poderosa, que todavía no se asienta, pero disuelve poco a poco a la espera de mantenerse.
*Todos los nombres fueron cambiados por seguridad de las mujeres.